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Cómo elegir la protección térmica adecuada para tu huerto

Mallas de sombreo, aplicaciones de caolín, otros productos a base de calcio, aspersores y recubrimientos biobasados: sobre el papel, todos prometen mantener tu cultivo más fresco y tus frutos libres de quemaduras solares. El verdadero reto es elegir la combinación adecuada de herramientas que proteja tu producción sin que suponga un coste excesivo en dinero, mano de obra o agua cada campaña.

Por qué esta elección es importante

Las olas de calor por encima de 35 °C / 95 °F aparecen cada vez con más frecuencia en regiones frutícolas tradicionales, llevando la temperatura de la superficie del fruto muy por encima de los límites seguros. La quemadura solar ya no es un problema puntual: en manzano, por ejemplo, varios días consecutivos de calor intenso y cielos despejados pueden provocar rápidamente quemaduras solares de moderadas a severas en los frutos expuestos y grandes pérdidas en el calibrado.

En distintos cultivos frutales, una revisión científica sobre la quemadura solar indica que entre un 10 % y un 30 % de la cosecha puede degradarse o perderse en campañas calurosas, dependiendo de la especie, la variedad y el clima. Para productores orientados a la exportación, esto marca la diferencia entre una campaña cómoda y un año en el que apenas se cubren costes. Al mismo tiempo, no todos los métodos de protección se adaptan a todos los cultivos. El objetivo es construir un conjunto de herramientas que encaje con tu clima, tu mercado, tu cultivo y, sobre todo, tu presupuesto.


Mallas de sombreo: eficaces, pero estructurales

Las mallas de sombreo se han convertido en una estrategia clave en regiones de manzano y frutales de hueso que sufren calor y quemaduras solares con frecuencia. Al reducir la radiación incidente, las mallas disminuyen la temperatura del aire y del fruto bajo la copa, y además pueden proteger frente al granizo, el viento y los daños de aves. En parcelas de alto valor, esta combinación puede reducir drásticamente las quemaduras solares severas y estabilizar el rendimiento comercial. Sin embargo, las mallas suponen un compromiso a largo plazo. Requieren inversión en postes, cables y tejido, y pueden modificar la forma en que se mueve la maquinaria por la parcela o cómo se realizan las aplicaciones y la poda. Si más adelante se cambian variedades o se necesita reconfigurar las filas, la estructura no es fácil de adaptar, por lo que muchos productores solo instalan mallas en sus hectáreas más rentables.

Caolín y carbonato cálcico: minerales contrastados  

Las películas minerales aplicadas por pulverización, basadas en arcilla de caolín o en soluciones cálcicas, se utilizan desde hace muchos años para reflejar la luz y reducir la temperatura de la superficie del fruto. Ensayos en manzano muestran que un programa de caolín bien gestionado puede reducir varios grados la temperatura del fruto y disminuir de forma significativa la quemadura solar visible en comparación con árboles sin tratar. Los productos a base de calcio crean una película reflectante similar y se utilizan ampliamente cuando las mallas o los sistemas de refrigeración no son viables.

Los minerales ofrecen flexibilidad: se puede ajustar la dosis y el momento de aplicación según la campaña y centrarse en las filas más expuestas. La contrapartida es el aspecto visual. A dosis altas o con aplicaciones tardías, la película blanca puede seguir siendo visible en la cosecha y, en algunos mercados, esto genera preocupaciones sobre el color y el lavado en la línea de confección. Es importante tener en cuenta que estos minerales en formato polvo pueden ser más difíciles de mezclar y que el riesgo de obstrucción de boquillas puede ser mayor que con formulaciones líquidas, dependiendo de la agitación, la filtración, el tipo de boquilla y la calidad del agua. Conviene consultar con la cooperativa o el almacén qué experiencia tienen con productos similares antes de comprometerse.

Refrigeración evaporativa: potente, pero muy demandante de agua

Los sistemas de aspersión y nebulización enfrían la copa por evaporación, utilizando agua para absorber el calor de hojas y frutos. En regiones con abundancia de agua y buena infraestructura, estos sistemas pueden reducir de forma significativa la quemadura solar y ayudar a mantener el color y la firmeza en variedades sensibles al calor. A menudo se utilizan junto con mallas en huertos de muy alto valor.

Para muchos productores, sin embargo, la gestión del agua y el tiempo son factores limitantes. La refrigeración evaporativa consume grandes volúmenes de agua precisamente cuando los embalses están más presionados, y el sistema requiere una supervisión constante durante cada episodio de calor. Una boquilla obstruida o un fallo de la bomba en la tarde más calurosa del año puede anular rápidamente el beneficio, por lo que este método es más adecuado cuando se puede garantizar el suministro y la vigilancia.

Recubrimientos reflectantes biobasados: flexibles y sostenibles

Un recubrimiento reflectante biobasado, como Cropshader Orchard, es una opción más reciente que busca combinar la flexibilidad de la pulverización con una formulación biobasada y tecnología de almidón. Cuando se aplica sobre hojas y frutos, el recubrimiento forma una fina capa de microgotas blancas que refleja el exceso de radiación solar, permitiendo al mismo tiempo que los estomas sigan funcionando, de modo que los árboles pueden continuar fotosintetizando bajo estrés térmico en lugar de cerrarse.

En comparación con las películas minerales, la principal ventaja está en la formulación: Cropshader Orchard está basado en almidón y está clasificado en la UE como bioestimulante vegetal, con un alto porcentaje de materias primas de origen natural. Esto facilita su alineación con los objetivos de sostenibilidad de cooperativas y con la creciente presión regulatoria sobre los insumos fitosanitarios convencionales. A diferencia de estructuras fijas como las mallas o de los sistemas de refrigeración intensivos en agua, no requiere inversión en infraestructuras ni agua adicional más allá del volumen de caldo habitual.

Ensayos de campo en cultivos como el nogal han demostrado que las parcelas tratadas pueden presentar varios grados menos en la superficie de hojas y frutos, con menor incidencia de quemadura solar y mayor actividad fotosintética que los controles sin tratar. Como el recubrimiento se degrada de forma gradual y, si es necesario, puede eliminarse en líneas de confección estándar (según el producto y la configuración de la línea), ofrece un punto intermedio entre no hacer nada y arriesgarse a la quemadura solar, sin necesidad de estructuras permanentes en el huerto.

A nivel operativo, los productores pueden integrar Cropshader Orchard en los programas de pulverización existentes con equipos estándar o drones y ajustar las aplicaciones al alza o a la baja según la previsión meteorológica y el valor de cada parcela. Esta combinación de formulación biobasada, flexibilidad estacional y efecto refrigerante demostrado es lo que hace que los recubrimientos a base de almidón sean una opción atractiva a considerar junto con mallas, minerales y refrigeración evaporativa, especialmente en huertos orientados a la exportación que buscan protección y un mensaje claro de sostenibilidad.

Cómo decidir qué encaja en tu parcela  

Plantéate las siguientes preguntas:

  • ¿Cuál es tu mayor limitación? Si el capital es el principal obstáculo, instalar mallas en todas las hectáreas no es realista, por lo que herramientas flexibles como el caolín o los recubrimientos biobasados asumirán mayor protagonismo. Si el agua es escasa, la refrigeración evaporativa siempre será una solución puntual y no una estrategia a escala de finca.
  • ¿Qué exigencias tienen tu mercado y tu central hortofrutícola? En programas de exportación premium, cualquier película visible o cambio de color es relevante. Por ello, es importante entender cómo se presenta cada producto en la cosecha, lo fácil que resulta eliminarlo en el lavado y qué ha probado ya tu cooperativa o almacén, especialmente si solo necesitas aplicaciones tempranas, donde estos productos suelen ser muy adecuados porque el recubrimiento tiene más tiempo para degradarse antes de la recolección.
  • ¿Cuánta flexibilidad necesitas de un año a otro? Las soluciones estructurales como las mallas son difíciles de modificar, mientras que las pulverizaciones y recubrimientos permiten ajustar dosis, momentos de aplicación y superficie tratada cada campaña según las olas de calor previstas, el tamaño de la copa y los precios esperados.
  • ¿Qué pruebas existen en cultivos similares al tuyo? Antes de comprometerte, pide a cada proveedor ya sea de mallas, recubrimientos o sistemas de refrigeración que muestre datos de huertos con cultivos y climas comparables. La información útil incluye curvas de temperatura de hojas y frutos, porcentajes de quemadura solar en cosecha y posibles diferencias en rendimiento o salida comercial.

Si quieres ver cómo funcionó un recubrimiento biobasado en distintos huertos durante las olas de calor extremas de 2025, incluyendo referencias de temperatura, niveles de quemadura solar y mediciones fotosintéticas, utiliza el whitepaper como siguiente paso. Te ofrece una referencia concreta para comparar distintas opciones de protección frente al calor y decidir qué mantendrá tus frutos protegidos y asegurados, optimizando al mismo tiempo tu presupuesto y tus recursos. 

 

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